sábado, 3 de septiembre de 2016


Soñé que estaba en el funeral de mi mamá. El cajón era de  un  color gris con bordes dorados. Yo aún no comprendía nada de lo que pasaba. Había tratado de llorar dos horas seguidas pero no me salía ni una lágrima. Sentía pena y asco por mi falta de sensibilidad. Al otro lado del ataúd estaban mis hermanos que no dejaban de mirarme mientras se decían: él nunca la quiso. Entonces no me quedaba nada por hacer ahí, solo subir a mi habitación y empezar a escribir mi primera novela con los ojos llenos de lágrimas.




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