Es de noche otra vez

La ciudad se oculta en el bolsillo de un pantalón.  Mi cuerpo se mantiene inmune a la angustia de las calles. Mi hijo duerme en la habitación de al lado. Sus sueños son vocecitas que me envía la noche para volverme loco. Pienso en su futuro, en los días que caen como piedras en su piel y hacen de su sangre un inmenso mar donde se baña mi hastío.

La vida es una contradicción innata. Un cadáver que yace oculto en la orfandad de un placer. Me ha tomado tiempo llegar a esto, veintitrés años que hasta ahora no me conocen y, que sin embargo están ahí,  como heraldos de un ostracismo.

Ya no pienso en dormir, la hostilidad de la gente me ha convertido en lo que soy. Una grieta en la pista por donde sale, de vez en cuando, algún roedor en busca de comida.  Llevo un candado entre las manos para no tocar a alguna chica. Soy la invención de los hombres que salen por la mañana a trabajar, contentos y afeminados. Soy la futilidad de las grandes acciones. Un hombre que se engaña en el rumor de una tragedia. Soy como cualquiera de ustedes, ignorando el fracaso de su destino.



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