lunes, 27 de marzo de 2017

El ángel de la bicicleta




A veces me he preguntado si de verdad soy tu hermano, o si es que tus manos, que ya empiezan a envejecer y a ennegrecerse más, alguna vez cogieron las mías y me llevaron a los lugares de las mágicas historias que me contabas de pequeño. No tengo muchos recuerdos de nuestra infancia, salvo algunas fotos que mamá guarda en el viejo cajón de su cómoda. En una de ellas apareces sonriente, con un peinado raya al costado que te quedaba fatal, y yo a tu lado, con los ojos heridos por los rayos del sol, tratando de sonreír con cierta vergüenza, mientras mamá nos veía de lejos, con una expresión piadosa e incierta.

He crecido veinticuatro años a tu lado, y no me arrepiento. Aún tengo mis orejas pegadas a esa pared que nos separaba de los golpes y gritos de papá. Yo nunca se lo hubiese perdonado, pero tú lo hiciste, y aprendiste a amarlo más aquella tarde en la que lo miraste por última vez. Para ese entonces ya me habías enseñado mucho, me contagiaste tus pesadillas y tus incipientes inclinaciones al arte. 

Podría decirte tantas cosas, negro, pero a veces los sentimientos son palabras cortadas a destiempo. A veces somos tan distintos, tan opuestos. Yo soy blanco, tu eres negro. Yo soy renegón, tú eres alegre. Yo estoy leyendo a Tolstoi, tú a Jodorowsky. Yo soy de la U, tú de la alianza.
Pero tenemos algo en común: ambos somos padres.



Pd: Gracias por permitirme ser el padrino de tu hija. Espero que aprendas a terminar un libro de más de 200 páginas. Es por tu bien.








2 comentarios:

Hilsa dijo...

Qué emotivo post. Está escrito desde un corazón que se ha volado, que sueña, que ama.

Eduardo Corazón Guzmán dijo...

Cabezón, acabo de terminarme Crimen y Castigo,csm. Besos hermano mío y gracias.